Layne Staley
- Microcosmos Editorial
- 25 nov 2025
- 2 Min. de lectura
Tan solo puedo imaginar a Layne en el asiento de la sala. A oscuras, con las cortinas cerradas, sin saber qué día era ni cuántos años llevaba encerrado. Aquellos acordes de la vida no eran más que notas amargas y tristes. Esa música estaba al fondo de la depresión, y él ya no podía cantar porque los dientes se le habían caído. Imagino una llamada de su mamá cada bimestre. El teléfono sonaría incesante y Layne respondería con la garganta pastosa y las palabras a medias. Decaído y sin ganas de entablar contacto humano. La única salvación eran los videojuegos, y claro, la cocaína que lo alejaban de esa inmunda realidad para acercarlo a ella, a Demri: el gran amor de su vida.
Lo imagino en un viaje astral producido por la heroína, buscando con locura a su amante fallecida y encontrando solo demonios: su padre y su madre, las giras interminables y los conciertos que drenaban su energía. Lo veo con claridad mientras babea y su corazón parece un explosivo en retroceso. Allá, abajo, viendo a esos demonios: las burlas, su vida pública, y aún peor, su lamentable estado. Su cuerpo se había deteriorado tanto que ahora era un delgado forro de piel sosteniendo un puñado de huesos.
También compraba comics en una tienda cercana. Luego iba a casa, se preparaba un coctel con coca y Heroína: Speedball. Y se inyectaba dos o tres veces hasta que podía dormir. Un día llama a un amigo y le cuenta que vio a Demri en el apartamento. Le jura que ella estuvo con él, y suena más feliz que nunca. Desde entonces desaparece durante semanas largas y estresantes. No contesta el teléfono. Su mamá sospecha que hay algo mal. Entonces la policía irrumpe en su hogar para encontrarlo muerto, al frente de la pantalla, con la aguja en el brazo y en un estado avanzado de descomposición.
Imagino a Layne justo antes de morir. Su necesidad por sentir a Demri cerca, de abrazarla y decirle que lamenta todo. No me podría sentir más identificado con su historia. El romance y el amor, los vicios y la muerte, la soledad, la infinita depresión, el encierro y el suicidio. Nada más cercano a un sentimiento real. Me quedan algunas canciones de Layne y el recuerdo doloroso de un vocalista que fue el mejor de sus tiempos.
Nos veremos, Layne. Descansa en paz.
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Que perturbador, me encanta